El espacio consistia en una instalación cubierta por una lujosa de bóveda vidriada. Allí hacía sus apariciones en medio de la alegría de los chicos y grandes caracterizado por su gracia más verbal y mímica donde entraba a la pista en un caballo enano al que le quitaba la silla al sentarse cayéndose entre la carcajada del público, dejando al animal dar una voltereta. En los intervalos reaparecía con su canasta cargada de golosinas que arrojaba a los niños con amplios movimientos de brazos, y continuaba cautivando al público.
En este local trabajó durante siete años, reuniendo en su compañía los mejores artistas nacionales y extranjeros. La dirección artística del emprendimiento estaba en manos de Rosita de la Plata, su compañera y socia.
Este predio fue inagurado el 5 de mayo de 1917 y sólo durará siete años, pues en 1924, año que se empezo a definir el trazado de la avenida 9 de Julio, se empezo a pergreñar la continuacion de la Daigonal Norte y la aún inexistente plaza de la Republica. las obras que impuso la modernización de la ciudad de Buenos Aires, harán que sea demolido para dar paso a las diagonales en cuyo centro se ubicara el obelisco porteño.
Seibel, Beatríz, Historia del Circo, Ediciones del Sol, Buenos Aires (1993).

